¿Todavía sigues perdiendo el tiempo recordando contraseñas? La mejor contraseña es tu voz

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Reiniciar el ordenador. Intentar acceder hasta tres veces con la misma contraseña. Aceptar que la has olvidado y empezar a crear una nueva (la tercera del mes). Repetir contraseñas que misteriosamente nunca coinciden. Entrar a internet. Mirar el correo electrónico. Pelear con el auto corrector. Cerrar ese vídeo que se ha abierto sin que nadie le diera al play.

Un estudio citado por The Economist y atribuido a profesores de la Maryland and Delaware Enterprise University Partnership (MADEUP) extrapola estas cábalas a la vida laboral. Tras preguntar a 5.000 personas en el Reino Unido y Estados Unidos cuántos minutos dedicaban cada día a tareas intrascendentes, se dispusieron a calcular la tasa de inutilidad total ponderada. Esta tasa calcula los años perdidos en el trabajo en tareas inútiles, como recordar contraseñas, que la mayoría de las veces no son seguras.

Perder el tiempo en tareas laborales

A lo largo de nuestra vida laboral se nos van cuatro meses limpiando el ordenador y se nos escapan seis semanas borrando e-mails y carpetas. Varios días dedicamos a revisar mensajería interna, que no está dirigida a nosotros, y a cerrar notificaciones de artículos que nunca leeremos.

La revisión de formatos de documentos o de una fórmula de Excel están en la cima del tiempo invertido en tareas intrascendentes. El estudio equipara las horas que un trabajador contemporáneo dedica a cambiar el tamaño y el color de las fuentes durante toda su carrera con escribir grandes obras literarias.

Documentos que no se guardan, baterías que se agotan o conexiones de internet que fallan son otras dramáticas «pérdidas de tiempo».

Recordar contraseñas

La contraseña del móvil, las del correo electrónico, las de acceso a los ordenadores, la de las aplicaciones bancarias, las de las redes sociales, la de la cuenta de Netflix, la de Amazon, la de la aplicación para pagar el aparcamiento en zona azul, la de la alarma de casa, la de las intranets de la compañía de telefonía, la de la electricidad… y las de todas esas empresas de las que uno es cliente. Y encima te piden que no las repitas y que las renueves de vez en cuando.

Recordar y gestionar las contraseñas es una tarea cada vez más compleja para muchas personas. Hasta el punto de que algunos psicólogos han etiquetado ya el fenómeno como la “fatiga de la contraseña”, dado que la necesidad de recordar y gestionar las contraseñas acaba provocando estrés.

Los expertos en seguridad informática son conscientes de que esta obligación de cambiar contraseñas periódicamente fomenta prácticas poco fiables. “Pedir que se renueve la contraseña cada medio año acaba siendo perjudicial: se termina optando por tener una contraseña muy fácil o bien por ir intercambiando unas cuantas, de modo que se va pervirtiendo el sistema, por lo que cada vez es menos seguro.

Soluciones para hacer más sencillo recordar contraseñas

  1. Crear contraseñas con sentido. Las combinaciones de letras, números y símbolos pueden ser muy complicadas de recordar. Generar una contraseña que tenga algún sentido para nosotros, combinada con caracteres especiales (*,»,%,$) pueden generar contraseñas robustas y sencillas de recordar.
  2. Usar gestores de contraseñas. Pero es recomendable tenerlas en local y que no comparta las contraseñas fuera del teléfono o el ordenador donde está ubicado.
  3. Biometría de voz. La voz es tu mejor contraseña. La mejor contraseña es aquella que contiene dos de las tres características principales:
    1. Algo que sabemos, como una contraseña.
    2. Algo que tenemos, como un correo electrónico, un teléfono móvil, etc., donde podamos hacer doble factor de seguridad.
    3. Algo que somos, una biometría, como nuestra voz.

Si al menos una de esas dos características es algo que somos se considera una contraseña muy robusta, según el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE)

Con CheckVox no tendrás que volver a recordar contraseñas nunca más, porque la mejor contraseña (y la más segura) es tu voz.

 

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